2017/08/17

Entre la independencia y el retorno colonial

América Latina: Entre la independencia y el retorno colonial, Por Stella Calloni

chamalpost - PL

El siglo XXI encuentra a América Latina en la disyuntiva de elegir entre aceptar un nuevo proyecto …

El siglo XXI encuentra a América Latina en la disyuntiva de elegir entre aceptar un nuevo proyecto de recolonización o lograr su independencia definitiva.Ante los avances continentales con gobiernos que desafían, en mayor o menor grado, los designios imperiales, la situación en nuestras dramáticas relaciones con Estados Unidos, nos coloca en un período similar al que sucedió al final de la guerra y la derrota de Estados Unidos en Vietnam.La actual ofensiva , con amenazas de intervención directa por parte de Estados Unidos en Venezuela, donde mantiene un golpismo contínuo prácticamente desde 2002, incrementado en los últimos dos años, ante la muerte de Hugo Chávez Frías(marzo 2013) el gran constructor de la unidad latinoamericana, a lo que se añade un nuevo esquema contrainsurgente de mantener otros procesos golpistas duros en Argentina y Brasil, para debilitar la solidaridad, nos pone ante una amenaza muchas veces anunciada.Lo sucedido en Afganistán e Irak y Libia, donde a pesar del genocidio cometido, la resistencia no termina, y la actual intervención en Siria y en Ucrania da cuenta de que Washington volverá más rápidamente sobre lo que considera su patio trasero (América Latina), como está previsto en los diseños de sus documentos de Seguridad Hemisférica. Pero nada será lo mismo. Su propia y monumental crisis se los está advirtiendo. Aunque consolida cada vez más su presencia militar en el Caribe asegurando otra vez el Canal de Panamá y el paso del Océano Atlántico al Pacífico, rodeando a Venezuela con bases militares distribuidas en diferentes países, reactivando la IV Flota, apoyando la ilegal presencia colonial y militar británica en las argentinas Islas Malvinas, extendiendo los alcances y trabajos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en el marco de una de las mayores crisis que el sistema capitalista ha tenido, se enfrenta a la consolidación de gobiernos populares y democráticos en Latinoamérica, como nunca antes había sucedido.

Sus advertencias son evidentes como el golpe de estado en Honduras en junio de 2009, país con bases militares estadounidenses, al virtual apoderamiento del territorio haitiano con el envío de barcos, tropas y equipos a Haití, después del trágico terremoto que sacudió a ese país, dejando 200 mil muertos. Esto demuestra su ansiedad por reocupar lo que considera el “patio trasero”.La Unasur se movió rápidamente cuando se produjo el golpe contra el presidente Manuel Zelaya Rosales en Honduras, país donde Estados Unidos mantiene bases militares. El golpe de Honduras es un ensayo de Guerra de Baja Intensidad aplicando la contrainsurgencia en el accionar dentro de la política interna, que estuvo bajo control del ex embajador estadounidense John Negroponte, en ese momento representante de Estados Unidos ante la ONU, quien ya en junio de 2008 estaba trabajando para el nuevo método: ganar a la mayoría del Congreso, incluyendo los diputados oficialistas, por medio de corrupción o presión. Lograr que estos eligieran la Corte Suprema que digitó Negroponte. Y con ambos elementos jugando a su favor, dar el golpe militar rápido secuestrando al presidente, llevándolo a una base militar de Estados Unidos, para evitar cualquier “problema” y de allí sacarlo ilegalmente del país hacia Costa Rica.Este esquema quedó incorporado para ser aplicado en cualquier país, ya que muchos gobiernos se dejaron “confundir con el hecho de que el Congreso y la Corte, apoyaran el golpe. Una “democracia” contrainsurgente y de Baja Intensidad casi perfecta, si no fuera por los crímenes cometidos por los dictadores de turno y que siguen sucediendo hasta hoy.En lo que va del siglo ha dirigido también el golpe de Estado en Venezuela, con el secuestro del presidente Hugo Chávez en abril de 2002, que fue enfrentado por una de las acciones populares más originales, actuando junto a sectores militares, que derrocó al golpismo en horas y repuso en su cargo al mandatario.Asimismo intervino Washington en el diseño y puesta en marcha del golpe cívico-prefectural-con sectores militares de viejo cuño, que se intentó contra el presidente de Bolivia, Evo Morales, en septiembre de 2008, lo que fue derrotado por la inmediata acción del pueblo y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) una muestra de integración avanzada, que dejó en sombras a la ineficaz y sometida Organización de Estados Americanos (OEA), a la que se nombró poco tiempo después de su creación en 1948, como un verdadero “ministerio de Colonias”.Pero ya en 2010 no se pudo lograr el golpe contra el presidente Rafael Correa en Ecuador, donde la decisión con que el mandatario enfrentó la situación y la acción de Unasur en una movilización inmediata, derrotó el intento de manejar como una “sublevación policial”, el golpismo, cuyas redes repetían esquemas del pasado.
En marzo de 2008 algo sucedió en Argentina, cuando comenzó un paro Patronal -que duró desde marzo hasta julio- protagonizado por cuatroorganizaciones patronales del campo, la principal de ellas partícipe en todos los golpes de Estado aquí, que rápidamente tomó un rumbo golpista, incluso intentando desabastecer a las ciudades y apoyadas por ex militares de las pasadas dictaduras.El comienzo de la maniobra “destituyente” o golpista coincidió con la reunión de la ultraderecha mundial en la ciudad de Rosario la segunda más importante del país, en la provincia de Santa Fe, convocada por la Fundación Libertad, una de las tantas ramificaciones de entidades como la National Endowment Foundation, NED (conocida aquí como Fundación para la democracia), de larga historia injerencista, la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) y otras dependientes de la Heritagge, autora de los documentos de Santa Fe, entre otras.El golpe policial, judicial y parlamentario se aplicó en Paraguay en junio de 2012, donde el presidente Fernando Lugo fue destituido en 24 horas por la vieja Corte Suprema del dictador Alfredo Stroessner y el parlamento mayoritariamente controlado por el ex partido dictatorial (colorado). También allí llegaron los cancilleres de Unasur, pero como en Honduras, la debilidad de la OEA y la presencia de tropas y establecimientos militares de Estados Unidos, fortalecieron a los golpistas.Estos últimos años estuvieron marcados por las denuncias públicas sobre la presencia activa de esta maraña de fundaciones y Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), enmascaradas en partidos políticos aparentemente democráticos y con nombres novedosos, y además sobre la continua militarización por parte de Estados Unidos, manteniendo e instalando nuevas bases en puntos estratégicos de la región, como lo es Colombia, dispersando el Comando Sur, cuya jefatura se trasladó a Fort Benning, Florida.Esta dispersión fue ideada en los años 90 cuando se recicló la antigua Guerra de Baja Intensidad (GBI), esquema de contrainsurgencia aplicado desde los años 60 contra nuestros países. Se había establecido un nuevo entrenamiento de tropas para actuar como Fuerzas de Despliegue Rápido y por lo tanto se necesitaban establecimientos militares dispersos con facilidad de movimientos en territorios cercanos, en el marco del proyecto de control y dominio de una región rica en recursos estratégicos y reservas naturales y humanas.Un paneo sobre la situación de América Latina en los últimos tiempos, permite ver que el silencio sobre algunos hechos claves posibilita la distorsión informativa hasta límites asombrosos, lo que beneficia sustancialmente las planificaciones de la dictadura mundial y su red mediática.Comparando lo que está sucediendo en América Latina ante la crisis Económico-financiera que se expande por Europa se advierte que la región soporta este momento crítico en mejores condiciones, pero pocos escarban el fondo para poner nombres a este logro.Es justamente por haber resuelto hacer todo lo contrario a lo recetado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en los años 90, que los países latinoamericanos mejor posicionados están enfrentando con fuerza la crisis, entre otros hechos, del que no puede estar ausente el reconocimiento a lo que fue la sucesión de rebeliones populares -a las que escasamente se menciona hoy- contra la dictadura neoliberal impuesta sin anestesia.
Hay otro tema que es soslayado sistemáticamente. Y es el resultado del regreso al Estado -la peor pesadilla que imaginó Estados Unidos y sobre lo que había advertido copiosamente en sus documentos como los de Santa Fe 1,2,3,4- y la posibilidad de demostrar en este momento crucial, lo importante que fue la decisión de varios de los nuevos gobiernos de deshacerse de la visión única y colonialista de la esclavitud al mercado como síntesis del capitalismo sin fronteras ni control.Este retorno también posibilitó concretar después de muchos intentos, esfuerzos y naufragios, un proceso de integración de raíces reales y no ficticias.Si algo se ha silenciado a pesar de lo mucho que se ha dicho en los últimos tiempos, es el hecho de que si América Latina avanzó en su proceso integrador fue por la visión bolivariana de recuperar los antiguos bosquejos de la unidad regional, en que la figura del presidente venezolano Hugo Chávez resultó clave, ya que al recuperar para el país el control de sus recurso petroleros, pudo diseñar un proyecto de intercambios impensados, que obraron como una tabla de salvación para varios países al borde del naufragio y en distintas circunstancias.Crisis energética a la vista como las que se perfilaban en Argentina en los años 2005-2006, o el plan histórico de salvataje a los países más pobres y débiles, que pudieron acceder a la fuente petrolera sin tener que adquirir nueva deuda y sin tener que caminar de rodillas hacia los organismos internacionales, llámese FMI o Banco Mundial, fueron hechos inéditos y escasamente comentados.Poco se les ha explicado a los pueblos sobre este hecho histórico. Jamás en la historia regional se había llegado a tal grado de cooperación, enfrentando a la “inevitable” dependencia de otros tiempos.El ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) un proceso integrador poco común, la Unasur , una derivación no imaginada hace poco más de una década, de una serie de proyectos naufragados o de más reciente creación como el Mercado Común del Sur (Mercosur) que data de los años 90, las modificaciones y cambios en los organismos ya existentes a nivel regional, como el Grupo de Río, y la serie de acciones que marcan un antes y un después, hasta llegar a plantearse una nueva Organización pero de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Todo ha pasado en el marco de una dinámica que no da tiempo a la reflexión.Pero es necesaria a la hora de saber por qué “necesita” Estados Unidos destruir estos procesos renovadores. El enfrentamiento es duro, pero ahora no tienen más remedio que reconocer que esta América que está construyendo otro esquema económico financiero, a su manera, con su propio aprendizaje, un verdadero proceso emancipatorio, tiene otras formas para resistir los embates de intentar recolonizar la región, como enfrentó la crisis de los últimos tiempos.Los recuerdos del pasado, de las dictaduras de todo tipo instaladas por Estados Unidos, que le han costado un genocidio a la región en el siglo XX, son aún lacerantes y sobre ese pasado se ha comenzado a construir un nuevo mundo y las mayorías han expresado su voluntad de no volver atrás. Nunca Más.