La campaña fresera española y la mano de obra femenina marroquí: Un proceso machista pero también, una importante oportunidad laboral

La temporada de la cosecha de fresa española y su dependencia de la mano de obra femenina marroquí ha desatado una ola de críticas en las redes sociales que coincidieron en señalarla como un claro proceso de reclutamiento machista y vejatorio. Estas críticas se deben al hecho de que las empresas agrarias del país vecino no tienen remedio en mostrar su preferencia por el perfil femenino

Este oficio temporal que cada año reclute a miles de mujeres para trabajar en la recolección de fresas en la provincia de Huelva que, para este año, la cifra ha ascendido a un total de 17.000 contrataciones de las cuales, alrededor de 11.000 contrataciones serán nuevas. El traslado de las contratadas al país vecino, se hará en dos tramos: febrero y abril.

Asociaciones y sindicatos al otro lado del Estrecho como el sindicato Comisiones Obreras en Andalucía han señalado que dichos reclutamientos son “retrógrados, machistas y discriminatorios”. También y según recoge el portal HuelvaYa, dicho sindicato ha exigido al Ministerio de Trabajo la modificación de la legislación para garantizar un proceso de selección más transparente e igualitario. La crítica del CCOO apunta sobre todo a los criterios que exigen que el perfil de la contratada sea de una edad de menos de 45 años de edad, casada y tener hijos a su cargo. Criterios señalados por el mismo sindicato como “lamentables” dado que no contemplan los mismos criterios impuestos para empleados temporeros españoles.

Podemos decir que la reacción del CCOO refleja una importante iniciativa para dejar de percibir a la mujer marroquí – obrera- como una mercancía o un objeto que ha de responder a unos determinados requisitos físicos y otros, sociales, para ofrecerle una oportunidad de trabajo. De nuevo, estamos ante una cuestión que requiere de la cooperación de los dos Estados; la autoridad española ha de hacer llegar e instar a la Agencia Nacional de Empleo (ANAPEC, por sus siglas en francés) por ser el organismo marroquí encargado de la tramitación de la selección de las obreras temporeras a hacerlo de una manera objetiva y con mayor respeto a sus derechos.

Por otra parte, y analizando el estatuto civil del perfil de las candidatas establecido por el país vecino: estar casadas y tener cargas familiares. Vemos que de cierto modo, se toman en cuenta de manera sutil y subliminal la preocupación de que las 17.000 contratadas permanezcan en España irregularmente. De ahí, que se establece como criterio de mayor envergadura el tener cargas familiares por ser la manera más segura de garantizar su arraigo a su país y así, tapar cualquier grieta que les podría “seducir” para quedarse en el suelo europeo. M medidas que la embajada de España y sus oficinas consulares contemplan en casi todas las concesiones de visados.

Dicho esto, tampoco podemos negar que es una importante oportunidad laboral sobre todo, para mujeres que provienen de medios rurales, especialmente, si se tiene en cuenta la situación del mercado laboral de nuestro país que es plenamente bien conocido por su viso patriarcal. Es cierto que estamos hablando de unos criterios vejatorios que un país europeo y primermundista emplea para la selección de mano de obra femenina para su temporada hortofrutícola, pero también, estamos hablando de la posibilidad de que un total de 17.000 mujeres ganen unos 40 euros por una jornada de seis horas durante 3 meses lo cual significa que cada mujer de ellas podría volver a su país con unos 3 mil euros en el bolsillo. ¿Cuántos viajes tiene que hacer una porteadora cargada con un fardo de 50 kilógramos para ganar 40 euros? ¿ cuánto machismo y violencia de género ha de aguantar para llegar con su fardo al punto de entrega?

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