¿Es «Podemos» un partido de izquierda hostil a los intereses del Reino de Marruecos?

Marruecom por : Abdelhamid Beyuki

Esta pregunta plantea necesariamente otra pregunta sobre el concepto de hostilidad en la política, a saber, ¿Existe una hostilidad o un amor permanente en la política?», seguido de una larga lista de preguntas sobre las fluctuaciones en las posiciones políticas desde el extremismo a la moderación, o viceversa, debido a la acumulación de acción política sobre el terreno, o pasando de la oposición al poder y gestionar las complejidades de los asuntos públicos.

 El nacimiento de Podemos estuvo vinculado a la asfixiante crisis económica que vivía España en 2009, con un 25% de desempleo, más del 40% de los cuales eran jóvenes, una tendencia al alza del fenómeno de la migración de personas competentes hacia varios países europeos, al mismo tiempo que el poder adquisitivo disminuía en un 17%, la clase media y la pequeña burguesía se habían visto gravemente afectadas, y en pocos años, la vida en España había cambiado completamente, pasando de un modelo de transición democrática y rápido crecimiento económico a un modelo de Estado económico y social fallido en Europa.

Las raíces izquierdistas de Podemos no han significado desde la constitución del partido con el manifiesto de los intelectuales los días 12 y 13 de enero de 2014, la participación en las elecciones europeas, y luego la fundación del partido en la conferencia de Vista Alegre 1 entre el 10 y el 14 de noviembre de 2014, que el apoyo popular al nuevo partido se limitara a la base de la extrema izquierda. Desde el principio, se unieron al partido líderes de la izquierda moderada, una amplia base desde el PSOE por temas de intereses, y otra categoría que ya no se veía a si misma en las clásicas posiciones extremas de “Izquierda Unida”. Se unió a la lista del partido para el Parlamento Europeo, y luego en las elecciones legislativas de 2015, el candidato de la izquierda moderada el ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, el General José Julio Rodríguez, junto con los jóvenes hartos de los partidos tradicionales, cómo es el ejemplo de Alberto Rodríguez, Secretario de Organización de Podemos en la actualidad.

Después de la primera experiencia electoral, Podemos experimentó cambios a nivel de su liderazgo histórico en su segunda Asamblea, con una clara moderación en sus posiciones y programas políticos, y la evolución de su posición que pasó de presentarse como una alternativa de izquierda al PSOE, soñando con liderar la izquierda y cambiar la escena política, a presentarse como una contribución a la reforma política existente, luchar contra la corrupción, establecer un frente de izquierda con el PSOE para contrarrestar a la derecha, y purgar la política de la corrupción. Todas estas son transformaciones naturales de un proyecto político que surgió de las aulas de la universidad aprovechando la ola de ira popular con inteligencia, y fue capaz de llenar el vacío dejado por parte del PSOE e IU, con un pragmatismo que finalmente le permitió participar en el primer Gobierno de coalición de izquierda en la historia de la España democrática.

¿Qué ha cambiado en el proyecto de Podemos desde sus inicios hasta su participación en el Gobierno?

Con la excepción de las consignas resonantes que algunos líderes del partido siguen evocando para mantener el contacto con los votantes jóvenes de la izquierda, la mayoría de los principales objetivos establecidos por el partido en 2014 en su acta fundacional dejó de existir, por ejemplo:

– Retirar la demanda de nacionalizar algunos bancos involucrados en escándalos de corrupción financiera y que estaban al borde de la quiebra si no fuese por la intervención del Estado (por ejemplo, Bankia).

– Retirar la demanda de nacionalizar las empresas de agua y electricidad, que Podemos acusaba de explotar y especular con exorbitantes facturas de agua y luz.

– La enmienda en lugar de derogación de la Ley de desalojo de viviendas por impagos de alquiler, o en los casos de ocupación de edificios en propiedad de grandes empresas del sector inmobiliario.

– Disminución del ataque del partido a los lobbies económicos y financieros conocidos como IBEX 35.

– Disminución del apoyo a las repúblicas populistas de «izquierda» en América Latina, entre las que se encuentra Venezuela, y la condena de las violaciones de derechos humanos en algunas de ellas.

– Moderación sobre el tema de la inmigración y la Ley de extranjería con respecto a la expulsión y la regulación de la inmigración, manteniendo al mismo tiempo ciertas exigencias que son apoyadas incluso por algunos partidos liberales europeos, como la no expulsión de menores y refugiados. Algunas de las posiciones actuales no son diferentes de las defendidas por la canciller alemana Angela Merkel.

-La modificación de anteriores posiciones del partido con respecto a la propiedad, cuya legitimidad ya no se discute tanto como el debate sobre la emisión de una ley que regule su papel, reducir algunas de sus facultades y someterla a seguimiento en casos de corrupción y delitos graves.

– Retirada de la defensa del derecho de secesión de Cataluña, sustituyéndolo progresivamente por el derecho a la autodeterminación, para luego apoyar las negociaciones que culminen con un modelo avanzado de autogobierno, y restablecer el debate sobre el Estado confederado.

– Podemos dejó de propone salir de la OTAN, al igual que su exigencia de reducir el presupuesto de defensa y dejar de exportar armas a regímenes que no respetan los derechos humanos o que están envueltos en guerras, como Arabia Saudita.

La lista de transformaciones en las posiciones de Podemos es larga, tanto a nivel interno como externo; este artículo no puede abarcarlas del todo, pero el discurso del partido y algunas de sus consignas aún no han perdido su brillo e influencia en su techo electoral, y no se diferencian en esta transformación de otras experiencias que les precedieron en Europa, luego de pasar a gobernar y gestionar las complejidades de los asuntos públicos, mencionamos, por ejemplo, el partido SYRIZA en Grecia, ya que las experiencias que se mantuvieron rígidas en sus posiciones terminaron encogiéndose y a veces acabaron extendiéndose.

El propio PSOE sufrió esta transformación tras el retorno de la democracia, declarando en el Congreso de 1979 una ruptura oficial con el marxismo, uniéndose al Club de Partidos Socialdemócratas. Estos cambios continuaron rápidamente después de ganar las elecciones legislativas de 1982, pasando de la oposición a gobernar, disipando los temores de los empresarios y líderes del ejército español, y de sus vecinos y aliados de la OTAN, cuya Secretaría General en la década de los noventa del siglo pasado fue obtenida por uno de los destacados dirigentes del PSOE, Javier Solana.

En conclusión, estamos ante un partido de izquierda que participa en un Gobierno de Coalición, que, como otros partidos que han gobernado, está expuesto a los síntomas de erosión derivados de la gestión gubernamental, mientras la élite que lidera el partido y participa en el Gobierno pertenece a la clase media, y de un nivel intelectual y de conocimiento que solo puede hacerlo más realista y pragmático que los modelos que conocemos en América Latina, independientemente de la cautela que caracterizan la relación de este partido con Marruecos, que son las mismas que caracteriza a la mayoría de los partidos españoles, pero definitivamente no será una relación de hostilidad hacia Marruecos y los marroquíes, y su posición en la cuestión del Sáhara se rige por sus normas al igual del 83% de los españoles que apoyan al Frente Polisario según una última encuesta publicada por “El Español”.

En algunas de sus posiciones Podemos puede encontrar similitudes con algunos partidos extremistas y asociaciones marroquíes, pero en la totalidad de su política ahora no es diferente a la del Partido Socialista Unificado o de la Unión Socialista antes y después de la experiencia de la alternancia. Sus cálculos no se desviarán de la lógica del pragmatismo político, para conseguir objetivos que él permuta, como otros partidos españoles y otros en países democráticos, a cambio de votos y logros políticos.

La pregunta es, ¿el Estado marroquí trabaja a través de sus canales para comunicarse con este partido en expedientes supervisados por ministros de Podemos, y aprovechar esta comunicación para abrir canales de diálogo más efectivos sobre asuntos complicados? Y si ¿la diplomacia de la izquierda marroquí, especialmente del Partido Socialista Unificado, trabaja en abrir canales para un diálogo franco y continuo con este partido?

La política ha identificado muchas paradojas en varios países, algunas de las cuales fueron un terremoto, y no descarto de la lista de estas paradojas que Podemos se convierte en partidario de la propuesta de autonomía en el Sahara como una solución realista que sirve a los intereses de Marruecos, España y los pueblos de la región.

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