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En Gaza la UE y la ONU se juegan su futuro

Álvaro Frutos Rosado

El Embajador de Palestina en España, Husni Abdel Wahed, aceptó la invitación de La Hora Digital para charlar con nosotros. No sobre la situación bélica de la guerra en Palestina. No era nuestra pretensión, ni la suya, hablar, como es al uso en los diferentes medios de comunicación, sobre los bombardeos y sus trágicos efectos. No se trata de plasmar constantemente las imagines más desgarradora de la tragedia es intentar saber por qué camino ve cada cual su salida conocer a través de su representante en España cual es el sentimiento del pueblo palestino y sus perspectivas de futuro. Aunque indefectiblemente todo salió en la conversación. Solamente desde el dialogo sincero, intentando hablar sin crispación podemos atisbar lo que puede suponer un futuro en paz.

¿Cómo se podría abrir caminos para una convivencia que hoy parece imposible e impensable? Esa es la gran pregunta. Previamente sería saber si a las dos partes les interesa y sobre todo a los actores incidentales.

No obstante, hay una cuestión que plantea el embajador Wahed, y que sólo aparece en el trasfondo de la guerra, la responsabilidad de occidente en su génesis, desarrollo y dificultad de solución. Una responsabilidad que no se puede olvidar, ni ignora y difuminar, cuando se habla de lo que esta pasando.

La diplomacia de contención, llevada a cabo por los estadounidenses durante la guerra fría con la Unión Soviética y posteriormente con China, evitando que se fuera ampliando sus zonas de influencia. Hoy la practica para evitar que toda la región, o más, salte por los aires y tan solo se ocupa torpemente de proteger sus intereses inmediatos como el trafico mercante en el Golfo.

La Unión Europea se equivoca continuando a rueda de los norteamericanos, sin tener también en esto una autonomía estratégica propia en el caso, y dejar de mantener una equivoca equidistancia dialéctica entre secuestrados y bombardeados, cuando hay parar ya esta guerra.

Es cierto, que los analistas más reputados y serios han llegado a perderse, y hacernos perder, las claves de entendimiento de la guerra de Oriente Medio. No me refiero a algunos jóvenes que pueblan algunos medios de comunicación y hablan de fusiles y cañones como si realmente supieran de algo más allá de lo que leen en las redes.

Este conflicto exige mucha seriedad y contemplar un pasado muy remoto para poderlo entender. El mismo Netanyahu apela a la sangrienta historia del Antiguo Testamento con mandato divino incluido para hacer creer a los ciudadanos israelíes de estar legitimados a terminar con los amalecitas new wave, identificando a estos con Hamas. Este relato, por absurdo que nos parezca, es comprado por la extrema derecha israelí y el sionismo ortodoxo.

La actitud de Hamas de seguir manteniendo los rehenes, doblando constantemente el precio para su liberación, no sólo se aleja la solución pacífica y con futuro, aún peor cada día nos acercamos más a que el riesgo bélico se extienda. A Hamás no le importa, pero a otros palestinos, a muchos sí. Cuanto más dure esta situación más posibilidades hay de que aumente la inestabilidad política global y eso no solo empiece a florecer en los países árabes. Cada día que pasa no es un día más es uno menos para que el vaso se pueda desbordar.

Hasta los analistas norteamericanos empiezan a ser conscientes de que el problema se les está yendo de las manos y puede tener consecuencias para los Estados Unidos mas allá de los electorales. A Biden se le han echado las elecciones encima. Ahora el anciano presidente americano y sus expertos saben que cada paso erróneo es una baza más para Trump y al electorado norteamericano parece que le da lo mismo, su falta de moralidad, respeto democrático o criterio sensato. La agenda internacional y las dos grandes guerras van a ser determinantes en los comicios norteamericanos.

 Tras la II Guerra Mundial se cifro en las Naciones Unidas el gran instrumento para evitar un nuevo conflicto generalizado. Se concibió con una arquitectura al servicio de los vencedores. Durante décadas sirvió para ser un apaga fuegos de la multitud de guerras calientes en los que se libraba la guerra fría, pero desaprovechando el potencial político y económico del que podría haber dispuesto si realmente hubiese estado investida de autoridad real. Ahora sería su momento.

No han sido pocos los intentos de ser garantes de la seguridad colectiva. Una policía mundial que evitara las agresiones, capaz de pacificar territorios en conflicto ha abarcado desde Palestina (1948), Corea, Congo, y un largo etcétera hasta 63 intervenciones. Muchas criticas ha habido a algunas de estas intervenciones pero con todo han sido un ultimo recurso que, sin duda, ha evitado el aumento de víctimas. Aunque, entre otros, sus intervenciones en Bosnia o en la Guerra de los Grandes Lagos fue recriminada precisamente por su pasividad. Aunque Naciones Unidas en Gaza no ha estado tan ausente como si ha podido estar en la Guerra Ruso-Ucraniana sigue estando a medio camino de ser una herramienta para parar la lluvia de obuses. Las Naciones Unidas, lo mismo que la Unión Europea y otros organismos multilaterales estan en su hora crítica, pero precisamente por ello tienen que recuperar su valor si quieren que una u otra configuración tener futuro.

La ONU tras la guerra ruso-ucraniana ha quedado muy maltrecha. Es la primera agresión realizada a otro Estado por uno de los miembros fundadores de la Organización, si descontamos todas las realizadas por los Estados Unidos. Los intentos del Secretario General han sido muy tibios, se mire como se mire. Tan sólo hay que compararlo con la actividad desempeñada por UN con motivo de la ocupación de Kuwait por Irak o los llevados a cabo cuando la guerra de los Balcanes. Es por ello, que una intervención expeditiva en el conflicto y satisfactoria es esencial para que la institución no solo recupere su sentido primigenio, sino que la humanidad transite pronto este territorio de pesimismo que recorre este momento.

La intervención de fuerzas de interposición (Fuerzas de Paz o los conocidos como cascos Azules) es una solución, a pesar de la dificultad que con lleva, debe ser fruto del consenso de aquellos que tienen y la facultad de veto en el Consejo y sobre todo la aceptación del Estado de Israel y el non nato Estado Palestino.

Por ello, a España como a otros Estados les esta faltando tiempo para mover ficha, empezando por el reconocimiento del Estado de Palestina.

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