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Killing me softly

AUTOR MOHAMED NOURI

En la arena internacional, se puede decir que los estados tienen dos vías posibles para velar por sus intereses:

1-Recurrir al “Hard power” es decir a su capacidad de influir en el escenario regional y/o internacional merced a su potencia militar o económica.

2-Mediante el “Soft power”, un concepto formulado por Joseph S. Nye Jr. a partir de los años setenta que se convirtió en referencia esencial en el estudio de la fuerza de naciones. Nye estima que los estados no son los únicos actores de la regulación internacional y de los equilibrios de poderes sino que existe también un papel cada vez más central de la sociedad civil, de los medios de comunicación, de personalidades de gran renombre, del deporte y de la cultura en el cambio de percepciones y opiniones sobre tal país, idea o fenómeno.

Merced a este Soft power, un país carente de los instrumentos disuasivos del Hard power por una serie de razones como pueden ser su reducida superficie geográfica, su exigüidad económico-militar, o su escasa población, puede mitigarlo a través de este “poder suave o blando” llamado también “diplomatic brilliance” o diplomacia de proyección.

Este es el caso por ejemplo de Qatar.

AUTOR MOHAMED NOURI
AUTOR MOHAMED NOURI

Gracias a “al Yazira” como a otras palancas del Soft power, entre ellas Bein Sports, el PSG, la organización exitosa del último mundial de fútbol, su papel imprescindible como mediador en las negociaciones entre Israel y Hamas, etc. este diminuto país de tres millones de habitantes (de ellos apenas trecientos mil nacionales) es hoy en día la envidia de grandes potencias que no han sabido cómo activar y desarrollar los mecanismos de dicho ‘poder suave’.

Si aplicamos esta perspectiva a Marruecos, un país de escasos utensilios del Hard power, es innegable que su fuerza relacional, su sagaz e histórica diplomacia, la proyección internacional a nivel científico, artístico y deportivo de un buen número de sus ciudadanos, musulmanes y judíos, así como su cultura milenaria, son elementos muy interesantes que configuran su Soft power y explican su eficiencia.

Las hazañas de su equipo nacional de fútbol en el último mundial son otro eslabón de este ‘poder suave’ llegando a alcances mediáticos y geopolíticos de insospechable beneficio para su imagen en el escenario internacional.

De hecho, el premio no tardó nada en llegar: La organización del mundial de 2030 junto con España y Portugal es la prueba fehaciente de la valía de este ‘poder suave’.

 No cabe ninguna duda de que la organización de este evento internacional se traducirá en nuevas inversiones “estructurantes” para el país y repercutirá muy positivamente sobre su macroeconomía a lo largo de esta década.

Siempre desde una perspectiva geopolítica, si la crisis del Covid, la guerra entre Rusia y Ucrania, y el conflicto israelí-palestino con sus implicaciones azarosas sobre el tránsito marítimo en el Golfo de Adén y el Mar Rojo han dejado claro la vulnerabilidad de las vías clásicas de abastecimiento, todo presagia que la geopolítica primará sobre la economía y que el mundo se organizará en varias zonas de influencia, más reducidas, donde habrá localizaciones y deslocalizaciones con el objetivo de asegurar los suministros.

Ante semejante escenario geopolítico, ante la galopante inflación, la recesión económica, la agitación social consecuente y la vuelta del discurso mesiánico y soberanista, España y Marruecos, a pesar de las sandeces que se dicen acerca de las razones del entendimiento entre los dirigentes de ambos países, están anticipando lo que se avecina inspirándose de la sapiencia china que dice que no hay oportunidad que por crisis no venga.

Hoy en día, estas excelentes y pragmáticas relaciones han permitido avanzar con mucha confianza en la puesta en marcha del proyecto del siglo, él de unir el continente europeo y africano.

Este proyecto es de una importancia capital por las razones que citamos antes ya que permitirá:

Primo: Asentar las bases de una nueva zona de interdependencia económica en el Mediterráneo Occidental susceptible de acercar las zonas de producción sin perder en competitividad es decir en costes de producción.
Secundo: Evitar las incertidumbres a nivel de abastecimiento proveniente de los países asiáticos debido a los conflictos perennes en el Golfo de Adén y el Mar Rojo.
Tercio: Unir físicamente el continente europeo y africano lo cual, además de impulsar considerablemente los intercambios comerciales y económicos entre Europa y África, ayudaría a la economía española a aprovechar las oportunidades que ofrece Marruecos en su relación históricamente privilegiada con un número considerable de países africanos.

Y cuarto: Enlazar este eje económico con él que supone la “Iniciativa Atlántica” lanzada por Marruecos este año y que goza del apoyo de los países del Sahel, de España, del conjunto de los países del Consejo del Golfo, de Francia, de EE.UU y de Alemania. El mega-puerto de Dajla está llamado a ser una plataforma clave en la consecución de tal objetivo.

El interés de este megaproyecto es tal que no pasa un día sin que la prensa internacional relate el avance serio de los estudios y la disposición de grandes empresas (entre ellas varias españolas) de invertir en esta joya de ingeniería civil.

El célebre poeta estadounidense John Berryman decía que “Siempre hay que viajar en la dirección de nuestro miedo”, y no encuentro mejor frase para resumir la historia de las relaciones entre España y Marruecos antaño como hogaño.

Lo más importante es el viaje y en éste estamos mejorando y mucho. Un refrán árabe dice que un amigo se conoce en tres situaciones: cuando lo cabreas y ves cómo reacciona, ante el dinero y en el viaje.

¡Yallah, vamos!

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